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Las hermanas dan un paseo con los residentes Las hermanas dan un paseo con los residentes  #SistersProject

Los cuidados de Hermanas del Buen Pastor a las víctimas de violencia doméstica

Entre la violencia doméstica y el dolor que deja dentro de sí, las religiosas de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor en Malta y en Portugal comparten su vida con mujeres y chicas que afrontan la marginación de la sociedad.

Sor Christine Masivo, CPS

Siguiendo las huellas de la fundadora, Santa María Eufrasia Pelletier, la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor difunde la esperanza en la desesperación por las heridas. Las Hermanas del Buen Pastor continúan su misión de amar y servir mujeres, niños y familias heridas por la violencia, la pobreza y la segregación social. Según sor Doris Saliba, de Malta, y sor María Rosario, de Portugal, la incansable obra de misericordia de las hermanas está enraizada en el carisma de su congregación, que comparte la común misión de llevar sanación, dignidad y esperanza ahí donde es más necesario.

En Malta un refugio en la tempestad

Durante más de cuatro décadas, sor Doris Saliba, maltesa, ha ayudado a mujeres y niñas a escapar de la violencia doméstica. Como directora de la fundación Good Shepherd Sisters en Malta, coordina un refugio donde las familias encuentran protección y valentía para reconstruir sus vidas. “Nuestra congregación está llamada por Dios a ayudar a mujeres y niños en dificultad”, ha explicado. “Les acogemos en cualquier momento del día o de la noche; llegan traumatizados, a veces con nada más que lo que llevan puesto. Nos aseguramos que las habitaciones estén listas con comida y una cama y les ofrecemos una atmósfera de seguridad. Les dejamos descansar porque entendemos que después de lo que han pasado, el primer cuidado es la paz”. El refugio ofrece un alojamiento de seis meses a los residentes, que reciben apoyo psicológico, asistencia legal y ayuda en la búsqueda de un trabajo y un alojamiento a largo plazo. Muchos llegan a través de señalaciones del centro por la violencia doméstica de Malta o de los servicios de policía.

Colaboración con las instituciones estatales

“Colaboramos con los asistentes sociales del Gobierno”, ha afirmado sor Doris. “El Gobierno nos apoya con algunos sueldos del personal y subsidios alimentarios y nos encomendamos mucho a la generosidad del pueblo maltés. Muchos envían comida, ropa y fondos. No siempre es fácil, pero Dios siempre provee”. Somos cuatro hermanas activas apoyadas por personal cualificado y desarrollamos nuestro ministerio a través de la presencia. “Escuchamos, lloramos y rezamos con ellos. Algunos más tarde vuelven para decir: ‘Hermana, el tiempo que pasé aquí me ha salvado la vida’”. Esta es nuestra recompensa más grande”. A lo largo del tiempo, el ministerio desarrollado por las hermanas ha evolucionado del cuidado a la madre no casada y de las jóvenes chicas a la respuesta a cuestiones urgentes sobre la violencia doméstica y la asistencia a los refugiados. “Nuestro apostolado cambia en base a las exigencias de la sociedad, permaneciendo abiertos a la guía del Espíritu”, ha observado sor Doris. “Trabajamos en estrecha colaboración con la diócesis y colaboradores laicos. Esto es lo que significa sinodalidad: caminar juntos para la obra de Dios a través de la comunidad”. La hermana anima a otros que están en misión a no tener miedo de afrontar los desafíos y a hacer lo que pueden, Dios hará el resto.

“El corazón de una madre” en Portugal

Sor María Rosario, que procede de la isla de São Miguel en las Azores, cuida de los niños y de las jóvenes madres en crisis. “Desde que entré en la congregación, he trabajado con chicas, madres y niños”, ha afirmado con una sonrisa. “Yo no tengo hijos, pero me siento como una madre para todos ellos”. Los niños asistidos por las hermanas llegan a través de los servicios sociales estatales y han sido salvados de casas no seguras donde a menudo han sufrido abandono, violencia, abusos o pobreza extrema. “Algunos llegan sin nada, también después de haber dormido por la calle”, ha explicado sor María. “Aquí encuentran comida, amor y estabilidad, van al colegio, aprenden y crecen”. Los niños permanecen en este centro hasta la edad de 18 años o también 21, cuando pueden empezar una vida independiente. Las hermanas ofrecen asistencia emotiva en colaboración con profesores, psicólogos y asistentes sociales. “Celebramos las pequeñas alegrías y aprenden que son amados y apreciados”, ha afirmado sor María.

Suor Maria hace de madre a todos los residentes
Suor Maria hace de madre a todos los residentes

Los pilares del apoyo

Como en Malta, las hermanas dependen en gran parte de la generosidad de la comunidad. “El Estado proporciona un apoyo financiero, pero no es suficiente”, ha observado. “Sobrevivimos a través de la colaboración con supermercados que nos dan comida, fruta, pan, carne y donantes locales”.  Las hermanas comparten también lo que reciben con las familias pobres fuera de sus instituciones, respondiendo a la llamada evangélica a la comunión. “Cuidamos no solo a los niños que viven con nosotras, sino también a los pobres que nos rodean”, ha declarado sor María.  En su comunidad en Portugal, compuesta de seis hermanas, cada una de ellas, jóvenes y ancianas, desarrolla un rol en colaboración con los laicos para crear una casa de oración amorosa.

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12 enero 2026, 10:47