Egipto: La contribución vital de la comunidad cristiana a la sociedad
Enrico Casale – Ciudad del Vaticano
Los niños corren por el patio. Juegan y se divierten. Luego, todos van al aula a estudiar. Año tras año, construyen un futuro que, al principio, era incierto. Son jóvenes huérfanos, sin padres y abandonados por sus familias. En el camino, se encontraron con los Padres Franciscanos que los acogieron, recogiéndolos de la calle. Ellos los guiarán hasta que alcancen su plena independencia. El mismo apoyo se ofrece a los jóvenes ciegos. Esta es solo una de las muchas obras que la Iglesia Católica lleva años realizando en Egipto. Una iniciativa social apreciada por los egipcios, que ven en ella un espíritu de caridad poco extendido.
La minoría católica vital
Sin embargo, la Iglesia católica en Egipto representa una realidad diminuta, una minoría dentro de una minoría. En un país de más de cien millones de habitantes, los cristianos representan aproximadamente el 10% de la población, y los católicos no superan los 200.000. A pesar de este pequeño tamaño, la presencia católica se distingue por su vitalidad, su fuerte arraigo local y su capacidad de impacto social, educativo y cultural; su papel en la sociedad es reconocido.
«Es una Iglesia pequeña, pero muy rica cultural y espiritualmente», explica el padre Diego Dalle Carbonare, sacerdote comboniano, destacando la profunda integración del clero en el tejido social, especialmente en pueblos y barrios populares, donde los sacerdotes viven en estrecho contacto con la población.
Compromiso con la educación
La contribución más visible de la Iglesia Católica es la educación. Existen 168 escuelas católicas en todo Egipto, en su mayoría administradas por congregaciones religiosas. Estas instituciones son reconocidas por la calidad de su enseñanza, su organización y su enfoque en el desarrollo integral. «Lo más significativo», observa el padre Filippo Farag, fraile franciscano, «es que la gran mayoría de los estudiantes son musulmanes: un hecho que convierte a las escuelas católicas en uno de los principales puntos de encuentro de las diferentes comunidades religiosas del país».
Activismo social y sanitario
Además de las escuelas, otro pilar es el compromiso con los servicios sociales y sanitarios. Dispensarios, clínicas, centros de asistencia y organizaciones benéficas están muy extendidos, especialmente en las zonas más pobres, en particular en el Alto Egipto. Cáritas y las iniciativas de parroquias y órdenes religiosas ofrecen apoyo a las familias necesitadas, proporcionando atención médica a precios accesibles y ayuda material.
En los últimos años, también se ha incrementado la atención a los refugiados, en particular a los de Sudán, cuyo número ha aumentado significativamente desde el estallido de la guerra civil. «La solidaridad con los refugiados es una prioridad», observa el padre Dalle Carbonare, señalando que muchas comunidades católicas acogen a personas que viven en condiciones precarias.
La presencia franciscana
Un excelente ejemplo de este compromiso son los franciscanos, presentes en Egipto con una extensa red de comunidades. «Somos unos noventa y trabajamos en casi todas las principales ciudades del país», afirma el padre Filippo Farag. Además de la atención pastoral regular, los franciscanos gestionan 17 escuelas, dos de ellas gratuitas, cuatro clínicas médicas abiertas a todos, hogares para niños huérfanos e instalaciones para personas ciegas, únicas en Egipto. «Estos proyectos son muy apreciados porque acogemos a todos, independientemente de su fe», explica Farag.
Colaboraciones ecuménicas
Además del trabajo social, también existe una intensa actividad cultural. Los franciscanos dirigen centros dedicados al cine, el teatro y los estudios coptos. El Centro Católico de Cine Egipcio, fundado hace setenta años, organiza un festival anual que selecciona películas con un gran valor humano y social. El Centro de Estudios Coptos promueve la investigación sobre teología, liturgia, historia y arte coptos, colaborando con la Iglesia Ortodoxa y la Universidad de al-Azhar.
Las relaciones con la Iglesia Ortodoxa Egipcia, la iglesia cristiana mayoritaria, son complejas. En la vida cotidiana, existe una amplia colaboración, especialmente en escuelas e instituciones sociales, donde católicos y ortodoxos trabajan juntos y comparten las mismas preocupaciones. Las relaciones con los musulmanes también se basan principalmente en la convivencia diaria.
No existe un diálogo estructurado e institucionalizado, sino una relación construida sobre gestos concretos, trabajo conjunto y confianza forjada con el tiempo. «El diálogo es el diálogo de la vida», afirma el padre Farag. «En escuelas, clínicas y parroquias, musulmanes y cristianos se reúnen a diario. Esto genera respeto y estima mutuos».
La vida de los cristianos en Egipto
La situación de los cristianos en Egipto, en general, no es negativa. «Existe libertad de culto y el Estado protege a las iglesias», concluye el Padre Dalle Carbonare, «una señal de que, a pesar de los ocasionales episodios de intolerancia por parte de individuos, el Estado reconoce el valor de la presencia de la Iglesia.
El gobierno también ha donado terrenos a la Iglesia católica en nuevas ciudades en construcción, incluida la nueva capital administrativa, donde se planea un lugar de culto católico en el barrio diplomático. Estos gestos demuestran respeto institucional, incluso en un contexto delicado». Los católicos siguen siendo una minoría frágil, a menudo desfavorecida en cuanto a oportunidades profesionales, especialmente en las zonas rurales.
Sin embargo, como señala el Padre Dalle Carbonare, «somos como la levadura del Evangelio: pocos, pero presentes donde se necesita». Una Iglesia pequeña pero muy activa, continúa impactando a la sociedad egipcia a través de la educación, la sanidad, la cultura y la hospitalidad, construyendo espacios de convivencia día tras día en un país complejo y cambiante.
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