El cardenal Bo: respeto y cooperación, únicas vías de paz para Myanmar
Deborah Castellano Lubov – Ciudad del Vaticano
“Aunque la esperanza se vea sacudida por la guerra, el terrorismo y la desigualdad, la paz sigue siendo una necesidad innegable de la humanidad”, así lo afirmó el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, en Myanmar, en su reciente mensaje navideño. El purpurado subrayó además que en este período en que se intercambia el saludo “la paz sea contigo”, este deseo hunde sus raíces en la paz ofrecida por el Niño Jesús.
Una paz sin armas
“La paz de Cristo resucitado es una paz sin armas”, destacó el cardenal reflexionando sobre el conflicto en su país y sobre las guerras que recorren el mundo. El arzobispo de Yangon recordó también cómo, en su tiempo, Jesús trajo una transformación política y social sin violencia, exhortando a los cristianos a “testimoniar este noble camino e invitando a todos a rechazar la crueldad”.
El peligro del miedo
Sin embargo, mientras todos aman y desean la paz, el purpurado afirmó que en este mundo de creciente incertidumbre, el miedo aumenta, no solo entre los individuos, sino entre naciones enteras. “La paz parece lejana. Las personas se preparan para la guerra en nombre de la paz. Los gobiernos son acusados de debilidad si no responden a la violencia con violencia”. Como consecuencia, observó, casi todas las naciones continúan acumulando armas.
Según estimaciones recientes – se lee aún en el mensaje – solo en 2024 el gasto militar global alcanzó los 2.718 mil millones de dólares estadounidenses, una elección que se considera “inevitable”. Se piensa además que las raíces de los conflictos están ligadas a la violación de los derechos y, en cambio, domina el miedo y el dominio; como consecuencia, las personas – señaló el purpurado – viven en una ansiedad constante, convencidas de que la guerra puede estallar en cualquier momento.
Las alternativas al rearme
“Mientras prevalezca el miedo, las armas seguirán multiplicándose. Hoy, en lugar de acumular armas, las naciones deben elegir el respeto mutuo y la cooperación como camino hacia una paz duradera”. Por este motivo, subrayó el cardenal Bo, el Papa León pide la completa abolición de las armas: “Pero este llamado va más profundo: también estamos invitados a desarmar las armas en nuestros corazones”. Subrayando que la paz “debe primero echar raíces en nuestros corazones”, el purpurado recordó a los fieles que “también la religión tiene un papel crucial en la construcción de la paz” y condenó el hecho de que el mundo, los conflictos políticos, las divisiones étnicas y el terrorismo a veces abusen de la propia religión.
Rutas esenciales hacia la paz
“Todos nosotros tenemos la responsabilidad de impedir el abuso del nombre de Dios”, reiteró el cardenal, “la oración, la práctica espiritual y el diálogo interreligioso” son “rutas nobles y esenciales hacia la paz”. El arzobispo de Yangon subrayó además que cada comunidad religiosa está llamada a construirla a través del diálogo, la justicia y el perdón, y “nunca a través del odio”. “La paz no debe manifestarse solo en palabras, sino que se demuestra en las acciones”. “El odio y la violencia”, observó, “nacen de la debilidad humana, pero el perdón y la misericordia son las fuerzas que reconstruyen la humanidad”. “Dios bendiga a todos aquellos que luchan por la paz en Myanmar con todos los medios posibles”.
Los llamados del Papa León XIV por la paz y por Myanmar
Con ocasión de la Jornada Mundial de las Misiones, el Pontífice lanzó un llamado a un cese inmediato del fuego en Myanmar e invocó la paz en ese país y en todas las zonas de conflicto del mundo. La Iglesia celebró la Jornada Mundial de la Paz el 1° de enero de 2026. El primer mensaje del Papa León XIV para la ocasión está totalmente centrado en la necesidad de una paz “desarmada y desarmante” en todo el mundo.
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