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En Asís, ceremonia por el octavo centenario del fallecimiento de San Francisco: monseñor Sorrentino junto al alcalde de la ciudad umbra  En Asís, ceremonia por el octavo centenario del fallecimiento de San Francisco: monseñor Sorrentino junto al alcalde de la ciudad umbra

Asís: inician celebraciones por los 800 años del tránsito de san Francisco

Con el solemne rito celebrado esta mañana en la Basílica de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, se abrió oficialmente el año conmemorativo del tránsito del Pobrecillo, en el lugar que custodia la Capilla donde, en el otoño de 1226, concluyó su camino terreno. Para la ocasión, el Papa León XIV ha convocado un Año Jubilar franciscano especial que concluirá el 10 de enero de 2027.

Giovanni Zavatta – Ciudad del Vaticano

"Hic michi viventi lectus fuit et morienti", aquí fue mi lecho, tanto en vida como al morir. Desde las celebraciones del aniversario de la aprobación de la Regla y de la Navidad de Greccio en 2023, pasando por las del don de los Estigmas en 2024, los actos para recordar la composición del Cántico de las criaturas en 2025, hasta la apertura del VIII centenario del tránsito: hoy, sábado 10 de enero de 2026, en Asís, más precisamente en la basílica papal de Santa María de los Ángeles, en la Porciúncula, se ha iniciado el último tramo del gran camino jubilar franciscano que culminará el 3 de octubre, día de la muerte del santo, y el 4, con su fiesta.

La inscripción en el libro que el Pobrecillo sostiene en la mano en el icono de 1255, San Francisco entre dos ángeles, expuesto hoy de manera excepcional en la Porciúncula para la ocasión, es uno de los símbolos del Tránsito, porque precisamente aquella tabla de madera pintada por el Maestro de San Francisco acogió y protegió el cuerpo del Pobrecillo en vida y justo después de su muerte, como él mismo afirma.


La ceremonia

Intensa fue la ceremonia que comenzó a las 10 con el saludo de fray Massimo Travascio, custodio de la basílica de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula, y continuó con la procesión guiada por el presidente del rito, fray Francesco Piloni, ministro provincial de los Frailes Menores de Umbría y Cerdeña, junto con los seis ministros generales: fray Massimo Fusarelli (Frailes Menores), fray Carlos Alberto Trovarelli (Frailes Menores Conventuales), fray Roberto Genuin (Frailes Menores Capuchinos), Tibor Kauser (Orden Franciscana Seglar), fray Amando Trujillo Cano (Tercer Orden Regular) y sor Daisy Kalamparamban, presidenta de la Conferencia Franciscana Internacional de los Hermanos y Hermanas del Tercer Orden Regular.

De inmediato se realizó un gesto cargado de significado: el arzobispo-obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino y de Foligno, Domenico Sorrentino, y el alcalde de Asís, Valter Stoppini, se dirigieron hacia la Capilla del Tránsito sosteniendo en sus manos un cirio apagado, que luego fue encendido en el Cirio Pascual, símbolo de Cristo resucitado.

Desde allí, la luz fue llevada a las seis estaciones laterales de la basílica, cada una confiada a una de las seis ramas de la familia franciscana. La procesión quiso recordar la reconciliación entre el obispo Guido II y el podestà de Asís, Carsedonio, cantada por Francisco como profecía de paz. Para la ocasión, la Penitenciaría Apostólica concedió la indulgencia plenaria, y el Papa León XIV quiso saludar el acontecimiento con un mensaje a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana, en el que escribió: "La paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo Alto. Qué ilusión sería pensar que se puede construir solo con fuerzas humanas". El Pontífice aseguró unirse a quienes participen en las celebraciones conmemorativas y entregó una oración dedicada al Pobrecillo.

Apertura de las celebraciones por el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís
Apertura de las celebraciones por el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís   (ANSA)


Llegar a las llagas dolorosas

Llegó luego el momento de las reflexiones. Por turnos, los ministros generales se desplazaron hacia las seis estaciones laterales de la basílica, recorriendo de manera ideal los pasajes fundamentales del Testamento que san Francisco dejó a sus frailes antes de morir, su herencia espiritual. Misericordia, oración, fraternidad, trabajo, paz y bendición fueron los temas de las meditaciones, acompañadas por un texto de las Fuentes franciscanas o del Evangelio y por la escucha de un testimonio.

Así como el Señor invitó a san Francisco a iniciar un camino de penitencia y conversión "con un corazón capaz de abrazar a la humanidad sufriente, en lugar de ignorarla o rechazarla", dijo fray Trujillo Cano, hoy también nos exhorta a "superar las resistencias personales y comunitarias para poder llegar a quienes llevan llagas dolorosas en el cuerpo y en el espíritu, excluidos del bienestar material, cultural y espiritual, para compartir con ellos el consuelo de Dios y el amor de una comunidad capaz de hacerse prójima".


Mirar el mundo con ojos nuevos

Francisco, la oración y la Iglesia: de ello habló fray Trovarelli, subrayando la importancia del lugar teológico de la experiencia creyente del Pobrecillo. En estos espacios, "incluso antes de una plena conciencia eucarística, su corazón aprende a orar, y de esa oración brota su forma de creer: lex orandi, lex credendi". Allí donde se eleva una Iglesia o una cruz, "él reconoce una humilde epifanía del Misterio y una invitación a la adoración. Así, la oración en, con y de la Iglesia se convierte para Francisco en principio hermenéutico de la fe y llamada a renovar nuestra vida en el Espíritu".

Luego, Francisco y la fraternidad que es, explicó sor Daisy, significan "entrar en relación con Cristo en una multiplicidad de relaciones interpersonales"; su ejemplo "nos ayuda a mirar el mundo con ojos nuevos, reconociendo en cada criatura el reflejo de un amor más grande y a redescubrir la fraternidad universal y a vivir en armonía con todos".

Un testamento de reconciliación y fraternidad

Kauser se detuvo en el significado del trabajo para san Francisco, como don, gracia y realización de una vida digna. Fray Genuin recordó que en el Testamento el Pobrecillo encuentra la clave para construir la paz: el valor del perdón, de la reconciliación y de la misericordia. Finalmente, la bendición, "testamento espiritual que Francisco nos entrega", dijo fray Fusarelli, es "don que viene de lo Alto y que pide hacerse carne mediante la práctica del bien", del Sumo Bien. "He aquí, Padre, dejo el mundo y voy a Cristo", depositado "desnudo sobre la desnuda tierra". Con corazón libre y humilde acogió a "hermana muerte corporal" como amiga. Y su Testamento quedó como legado de reconciliación y profecía de fraternidad.

Un Año Jubilar franciscano especial

Al final del rito fue leído el mensaje enviado por León XIV y monseñor Sorrentino, visiblemente emocionado, anunció a su sucesor al frente de la diócesis en la persona del arzobispo Felice Accrocca. Se comunicó además la promulgación del decreto con el que el Papa instituye un Año Jubilar franciscano especial, del 10 de enero de 2026 al 10 de enero de 2027, durante el cual todos los fieles cristianos están invitados a seguir el ejemplo del Santo de Asís, convirtiéndose en modelos de santidad de vida y testigos incansables de paz.

La Penitenciaría Apostólica concede la indulgencia plenaria, en las condiciones habituales, a quienes participen devotamente en este Jubileo extraordinario, que representa una continuación ideal del Jubileo Ordinario de 2025. Este Año Jubilar está dirigido de modo particular a los miembros de las Familias Franciscanas del Primer, Segundo y Tercer Orden Regular y Secular, así como a los Institutos de vida consagrada, las Sociedades de vida apostólica y las Asociaciones que observan la Regla de san Francisco o se inspiran en su espiritualidad.

Sin embargo, la gracia de este año especial se extiende también a todos los fieles, sin distinción, que, con el corazón desprendido del pecado, visiten en peregrinación cualquier iglesia conventual franciscana o lugar de culto dedicado a san Francisco en cualquier parte del mundo. Los ancianos, los enfermos y quienes, por motivos graves, no puedan salir de casa, podrán igualmente obtener la indulgencia plenaria uniéndose espiritualmente a las celebraciones jubilares y ofreciendo a Dios sus oraciones, dolores y sufrimientos.

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10 enero 2026, 17:21