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Angola: Fe y compromiso social de la misión dehoniana

Durante más de veinte años, la misión de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús ha entrelazado el Evangelio con la vida cotidiana. Un mosaico internacional que refleja la dimensión universal de la Iglesia, pero también la creciente responsabilidad por las vocaciones locales.

Enrico Casale - Ciudad del Vaticano

Cuando los dehonianos llegaron a Angola, la guerra civil (1975-2002) había terminado apenas dos años antes, y las señales del conflicto eran evidentes. Miles de personas regresaban de los campos de refugiados en la República Democrática del Congo y Zambia, albergadas en asentamientos improvisados ​​gestionados por el ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados). Carecían de casi todo: agua potable, empleos, estructuras sociales. De esa experiencia con refugiados y repatriados surgió la misión dehoniana en Angola, un camino que une la evangelización y el compromiso social, la fe y la reconstrucción comunitaria.

Los primeros pasos en un país en guerra

"Cuando decidimos lanzar la misión, Angola aún estaba en guerra. Pero enseguida nos dimos cuenta de que debíamos apoyar a una de las diócesis con mayor escasez de sacerdotes", afirma el padre David Mieiro, superior del Distrito Dehoniano en Angola. La elección recayó en la diócesis de Lwena, que entonces abarcaba toda la provincia de Moxico: 221.000 kilómetros cuadrados, casi tres veces la superficie de Portugal. Un vasto territorio, marcado por décadas de conflicto y aislamiento.

La presencia de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús se consolidó en 2004 con la fundación de la primera comunidad en Viana, a las afueras de Luanda, concebida como base logística y centro de formación. En 2005, se trasladó al este del país, con la asunción de la misión en Luau, en la frontera con la República Democrática del Congo.

En 2010, se incorporó la comunidad de Lwena, capital de Moxico. Hoy en día, los dehonianos están presentes en tres comunidades: Viana, Luau y Lwena. Doce religiosos participan en la misión angoleña: cuatro sacerdotes portugueses, tres congoleños y cinco angoleños (tres de ellos sacerdotes y dos jóvenes que serán ordenados en 2026). A ellos se suman dos novicios en formación y otros dos que comenzarán su camino en los próximos meses, así como nuevos misioneros procedentes de Brasil y la República Democrática del Congo. Este mosaico internacional refleja la dimensión universal de la Iglesia, pero también la creciente responsabilidad por las vocaciones locales.

Educación y trabajo, dos piedras angulares

El compromiso social no es algo secundario, sino parte integral del carisma dehoniano. «Está en nuestro ADN prestar atención a los problemas sociales que tan profundamente influyeron en el Padre Dehon», enfatiza Mieiro. En Luau, en particular, la misión ha adquirido una fuerte dimensión social desde el principio. Tras la rehabilitación de las instalaciones básicas (parroquia, casa de misión y escuela primaria), se pusieron en marcha proyectos esenciales: distribución de agua potable, molienda de granos, metalistería y cursos de informática.

El proyecto con el impacto más duradero sigue siendo la escuela, a la que ahora asisten aproximadamente 700 estudiantes, como la que también se inició en Lwena. Aquí, gracias al apoyo de benefactores y una asociación portuguesa de voluntarios, el número de aulas ha aumentado a diez, brindando educación a decenas de niños. También en Lwena, se puso en marcha un proyecto de distribución de agua, pero posteriormente se detuvo por el robo de equipos: un episodio que ilustra claramente las fragilidades estructurales con las que los misioneros deben lidiar a diario.

Compromiso social

En Viana, sin embargo, la iniciativa más significativa es una tienda de artículos religiosos que apoya a artesanos y grupos sociales vinculados a orfanatos y residencias de ancianos. Para muchos de ellos, estos productos representan su única fuente de ingresos. La misión también colabora con organizaciones internacionales de voluntariado activas en educación, formación profesional juvenil, emprendimiento comunitario y salud comunitaria.

El trabajo con refugiados y retornados fue fundamental, especialmente en los primeros años. Muchos de los trabajadores del proyecto social provenían de los campos de refugiados de la República Democrática del Congo. «Algunos jóvenes aprendieron un oficio con nosotros y luego emprendieron sus propios negocios. Otros, veinte años después, siguen trabajando con nosotros», explica el padre David. Así es como la asistencia se convirtió en autonomía y la emergencia en desarrollo.

El papel decisivo de los laicos

Sin embargo, no faltan desafíos. Las parroquias dehonianas del este de Angola abarcan vastas áreas. Muchas aldeas están siendo evangelizadas por primera vez, en contextos marcados por el analfabetismo, la falta de escuelas y centros de salud, y una arraigada tradición oral. La brujería y las acusaciones de causar enfermedades o muerte siguen teniendo un impacto desestabilizador en las comunidades, al igual que la propagación de sectas, especialmente en las grandes ciudades.

En este contexto, el papel de los laicos es crucial. Los catequistas y líderes comunitarios suelen ser el rostro cotidiano de la Iglesia en las aldeas más remotas. «La colaboración con los laicos es esencial», reitera el superior del distrito, señalando que los equipos pastorales están compuestos por misioneros y laicos, en un esfuerzo compartido que también prepara el camino para la creación de nuevas parroquias.

Evangelio y vida cotidiana

Las relaciones con las autoridades son, en general, buenas. La Iglesia Católica representa a casi la mitad de los fieles angoleños y es reconocida por su papel en la educación y la salud. Al mismo tiempo, mantiene una voz profética al denunciar la corrupción y los abusos de poder. Prevalece el respeto y, en algunos casos, la cooperación con otras confesiones religiosas. Desde campamentos de refugiados hasta escuelas suburbanas, la misión dehoniana en Angola continúa entrelazando el Evangelio con la vida cotidiana. Una labor discreta, a menudo apartada de los focos, que mide su éxito no en cifras, sino en las historias de comunidades que, paso a paso, encuentran un futuro.

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07 enero 2026, 14:48