Más allá de los regalos: la revolución de ternura de Francisco de Asís
Yamile López
San Francisco de Asís consideraba la Navidad como la 'Fiesta de las Fiestas', no porque la asociara con luces y la abundancia de lo material, sino porque su verdadera esencia reside en la humildad y la vulnerabilidad del Dios que se hace niño.
Asís es la cuna de la espiritualidad franciscana, todo en la ciudad es un testimonio elocuente del legado de San Francisco y Santa Clara quienes encontraron a Dios en la sencillez y la pobreza, enriqueciendo con el ejemplo de sus vidas a la Iglesia Católica. Jóvenes de diferentes épocas han sido tocados por esta espiritualidad, ejemplo de ello es la Beata María Caridad Brader, que en su tiempo encontró en el “poverello” el ideal de su vida y la fuente para el carisma de su congregación, las Franciscanas de María Inmaculada.
Hoy, esta ciudad aún, causa un impactante efecto en las personas que la visitan, porque al contemplar la vida de estos dos santos se comprende que solo cuando el corazón se vacía de sí mismo puede llenarse de Dios. San Francisco abrazó la pobreza como camino de libertad y amor; Santa Clara, con ternura y fortaleza, hizo de la fidelidad su forma más pura de entrega al Señor.
Recorrer Asís en Navidad conlleva una asociación directa con la pequeña población de Greccio, donde San Francisco en su anonadamiento de amor por el Niño Jesús, organizó el primer pesebre en vivo, como un recordatorio de que el Dios Creador quiso hacerse pequeño, humilde y pobre, para enseñarle al mundo que el amor verdadero no necesita de grandezas para ser infinito; al contrario, su invitación al contemplarlo en el pesebre es a descubrir que solo con fe, ternura y sencillez, se puede vivir con autenticidad.
"Quisiera representar al Niño nacido en Belén, y ver con mis propios ojos las penurias que sufrió..." (San Francisco).
Este tiempo santo es un llamado a abrir el corazón, a reconocer a Cristo en los pobres, en los enfermos y en toda la creación, a unir contemplación y acción en el cuidado de la casa común, a transformar la oración en gestos concretos de amor, justicia y fraternidad con los hermanos. Navidad es también una invitación para tantos jóvenes que desean descubrir el sentido de su vida y la vocación a la que Dios los llama, para que abracen y reciban en su corazón al Niño Jesús, porque en su ternura se encuentra el camino de la verdadera alegría que da plenitud al alma.
Para concluir, desde Asís viaja un mensaje de paz y fraternidad hecho oración:
“Que el Señor nos conceda vivir con el corazón sencillo, los ojos abiertos al hermano y las manos dispuestas a servir; que donde haya oscuridad, sembremos luz; donde haya tristeza, llevemos consuelo y donde haya indiferencia, seamos signo de amor y esperanza para todos”.
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