Cardenal Ambongo: La paz en África depende de nosotros, los africanos
Françoise Niamien – Ciudad del Vaticano
El año 2025 quedará grabado en la memoria de muchos cristianos en todo el mundo. Estuvo marcado, en efecto, por un Año Jubilar centrado en la esperanza. La muerte del Papa Francisco y la elección de su sucesor, el Papa León XIV, fueron también acontecimientos que marcaron la vida de la Iglesia universal durante este Jubileo, que se clausurará oficialmente el 6 de enero de 2026, en la solemnidad de la Epifanía del Señor.
A las puertas del Año Nuevo, en una entrevista concedida a Vatican News, el cardenal Fridolin Ambongo, presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), vuelve sobre el Jubileo de 2025, que, según afirma, ha sido "un kairós para toda la Iglesia universal". La conversación aborda también la actualidad social y política del continente africano, marcada por numerosos conflictos, golpes de Estado y el fenómeno de secuestros y asesinatos de cristianos, especialmente en Nigeria.
Eminencia, ¿cuáles son sus deseos para África y para el mundo al inicio del Año Nuevo?
Que Cristo, el Príncipe de la Paz, que vino al mundo en Navidad, nos conceda su paz y la certeza de que un mundo mejor es posible. A todos, sin excepción, les expreso mis mejores deseos de un futuro armonioso y pacífico para todos los hijos de Dios que habitan esta tierra.
¿Cómo analiza el mensaje de Navidad del Papa León XIV, dirigido al mundo entero desde el balcón central de la basílica de San Pedro el 25 de diciembre de 2025?
Saludo con alegría el mensaje de Navidad del Papa León XIV, centrado en el tema de la paz y en el llamado al fin de los conflictos y de la violencia en el mundo. Todos sabemos que 2025 ha estado profundamente marcado por la violencia, en distintos niveles. Que el Santo Padre haga este llamado a la paz es motivo de alegría, especialmente para África, donde muchos países viven conflictos desde hace años.
El Papa afirmó: "Si cada uno de nosotros, a todos los niveles, en lugar de acusar a los demás, reconociera ante todo sus propias faltas y pidiera perdón a Dios, y al mismo tiempo se pusiera en el lugar de quienes sufren, fuera solidario con los más débiles y oprimidos, entonces el mundo cambiaría". ¿Qué reflexión le provocan estas palabras?
El Santo Padre interpela la conciencia humana y también la conciencia cristiana. Cada uno de nosotros debe reconocer su responsabilidad en la búsqueda de la paz mundial. Si todos nos examináramos ante Dios y ante nuestra propia conciencia, creo que se evitarían muchos conflictos. Lamentablemente, nuestro mundo está dominado por el egoísmo, por el “sálvese quien pueda” y por la indiferencia ante el sufrimiento ajeno. Los poderosos aplastan a los más débiles sin medir las consecuencias.
"Que la paz esté con todos ustedes. Hacia una paz desarmada y desarmante" es el tema del mensaje del Papa para la 59ª Jornada Mundial de la Paz. ¿Qué le inspira este tema?
Veo una profunda coherencia en la postura del Papa. Insiste en una paz “desarmada y desarmante”. La verdadera paz no se construye con armas, sino mediante el diálogo y la convivencia armoniosa. Y debe ser “desarmante”, porque la lógica actual del mundo no es la de la paz. Muchos sostienen todavía que “quien quiere la paz, prepara la guerra”. El Papa propone lo contrario: quien quiere la paz, prepara la paz y se compromete a construirla.
El Jubileo 2025 está llegando a su fin. ¿Qué significado ha tenido para la Iglesia y para el pueblo de Dios?
Ha sido un Jubileo que movilizó a todas las realidades sociales y eclesiales en torno al tema de la esperanza. Millones de peregrinos atravesaron las Puertas Santas en Roma. Lo hemos vivido a nivel continental, diocesano y parroquial. Doy gracias a Dios por este gran don espiritual y recuerdo con gratitud al Papa Francisco, que inauguró el Jubileo, y al Papa León XIV, que lo ha llevado a su plenitud.
Como presidente del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), ¿cuál es su mensaje para África al cierre del Jubileo?
Nuestro continente sufre conflictos, violencia, hambre, pobreza y desastres naturales. Muchos jóvenes se ven empujados a emigrar, a menudo con finales trágicos en el Mediterráneo. Sin embargo, quiero decirles a los africanos que un futuro mejor es posible. No debemos perder la esperanza. Todo depende de nosotros. La paz y la liberación de África están en nuestras manos.
¿Qué recuerdo guarda del Papa Francisco?
Fue un gran pastor, cercano a su pueblo y especialmente a los pobres. Defendió con valentía su causa. Su amor por África quedó patente en sus viajes apostólicos y en su firme llamado: "¡Quiten las manos de África!".
¿Un mensaje que podría, además, interpelar a los dirigentes africanos? ¿Qué opina al respecto?
Es evidente que este llamado también se dirige a todos nosotros como africanos. Ante todo, debemos amar y respetar nuestra África. Debemos saber hacerla respetar por todos y, más aún, saber defenderla frente a todos esos invasores que vienen a saquearla, a vaciarla y que luego nos dejan, como en el Evangelio, a aquel hombre golpeado por los bandidos, herido y abandonado al borde del camino.
Este mensaje del Papa Francisco sigue siendo plenamente actual. Nosotros, los africanos, todavía no hemos sacado todas las consecuencias de este llamado y deberemos hacerlo, porque ha llegado el momento.
¿Podríamos concluir que el Papa Francisco fue un verdadero defensor de África?
El papa Francisco fue un defensor de la causa de los pequeños, de los débiles y de los pobres. Ahora bien, África es hoy el continente que concentra en mayor medida a esta categoría social, que Jesús consideró además como la predilecta del Reino. Por lo tanto, puedo afirmar que el Papa difunto fue un gran defensor de la causa de África, en la medida en que África es un continente de pobres y de pequeños.
Tras el fallecimiento del Papa Francisco, se llevó a cabo un cónclave para la elección de un nuevo Sumo Pontífice, el Papa León XIV. ¿Qué recuerda usted de este cónclave?
Bajo la guía del Espíritu Santo y por la gracia de Dios, los 133 cardenales de este cónclave hemos elegido al sucesor del Papa Francisco en la persona del Papa León XIV, por quien damos gracias a Dios. Inmediatamente después de ser elegido e instalado en el trono de Pedro, mostró una gran energía. Con él, continuamos la marcha de la Iglesia, de la cual Cristo es el guía. El nuevo Papa se ha inscrito en esta dinámica espiritual.
Y así, hoy en día, él transmite confianza a los fieles católicos y a los hombres y mujeres de buena voluntad en todo el mundo, insistiendo en las nociones de paz y esperanza, ya que esta última nunca defrauda.
¿Qué deberíamos sacar de este Año Santo?
Debemos trabajar para crear las condiciones de un futuro mejor. Por eso, al término de este año jubilar, hemos extraído grandes enseñanzas que debemos poner en práctica, cada uno a su nivel, para que podamos crear de nuevo las condiciones de un mundo mejor. Un mundo en el que todos los hijos y todas las hijas puedan vivir en paz, mirándose a los ojos como hijos de un mismo Padre.
Volvamos a la Iglesia en África. El año 2025 estuvo marcado por la celebración de la 20ª asamblea plenaria del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM), del 30 de julio al 4 de agosto, en Kigali, Ruanda. Este encuentro continental tuvo como tema "Cristo, fuente de esperanza, de reconciliación y de paz". ¿Qué debemos rescatar de este encuentro continental?
La Asamblea Plenaria celebrada en Kigali, Ruanda, fue un Kairos para la Iglesia en África. Tuvo lugar en pleno Jubileo 2025, centrada en el tema de la esperanza, en un momento en que la realidad socio-pastoral en la que vivimos en África es cada vez más preocupante. En ciertas regiones, y en muchas partes de África, predominan realidades de sufrimiento, guerra, calamidades, hambre, sequía e inundaciones, cuya consecuencia es el sufrimiento de la población y el riesgo del desánimo.
Los pastores de todas las Iglesias de África reunidos en Kigali se alinearon con el tema del Año Santo, que es la esperanza. El tema fue formulado teniendo en cuenta el contexto africano: Cristo es nuestra fuente de esperanza en un contexto donde no hay paz ni una convivencia armoniosa entre los pueblos. Hay muchos conflictos, tensiones y sufrimientos. Es por ello que los obispos africanos adaptaron este tema de la esperanza al contexto de África, presentando a Cristo como fuente de esperanza, pero también, y sobre todo, como fuente de reconciliación, de paz y de convivencia.
África necesita reconciliarse consigo misma. ¿Qué lectura hace usted de los numerosos conflictos que la socavan hoy en día?
A excepción de unos pocos países donde el proceso democrático funciona y donde el bienestar de las poblaciones es una prioridad, la constatación general hoy es que la democracia está en retroceso en África, al igual que la sana convivencia. Cada vez más, tanto en nuestros países africanos como en el mundo entero, prima únicamente la voluntad de los poderosos. El poderoso impone su voluntad a los más pequeños. La riqueza es lo único que cuenta de manera absoluta.
Se está dispuesto a ir tras ella recurriendo a cualquier método o modo de adquisición, sin importar cuál sea. Una vez obtenida, esta riqueza se utiliza para uno mismo, para la familia y los allegados, mientras que la mayoría de la población queda abandonada a su suerte. Es un desequilibrio. Yo diría que es una ilegalidad, una injusticia que constituye una de las causas principales de los numerosos conflictos actuales en África.
¿Qué soluciones podrían recomendarse?
La situación es que no existe una solución mágica que podamos blandir. Sin embargo, me permito identificar ciertas causas que pueden considerarse comunes y que explican las tensiones entre nosotros, en África. A menudo se considera a África como el continente más rico en recursos minerales, con reservas masivas de cobalto, diamantes, cobre, hierro, platino y oro. Por este hecho, es vista como la reserva de todas las potencias mundiales que se sirven de ella para su propio beneficio. Citemos la espinosa cuestión de la gestión de los recursos naturales en África: el continente que más minerales posee sigue pasando dificultades. África es el pozo de sus minerales estratégicos para sus industrias, los cuales les permiten dominar el mundo.
El colmo es que estas potencias se sirven a veces de ciertos africanos para acceder a nuestros minerales y recursos, solo por su propio interés y no por el de la población global. Mientras el sistema siga funcionando así, siempre tendremos guerra. Es el caso del este de la República Democrática del Congo. A veces se sirven de nuestros dirigentes para acceder a los recursos, y los beneficios de estos minerales se quedan en manos de quienes están en el poder y negocian con las grandes compañías y las grandes potencias exteriores.
Ante tales situaciones, los africanos deben despertar. Como africanos, como hijos e hijas de este continente, debemos tomar conciencia del papel que nos toca desempeñar en la defensa de aquello con lo que Dios nos ha enriquecido: nuestros recursos naturales. Pero también es necesario que nuestros dirigentes abandonen la lógica de acceder al poder para enriquecerse ellos y a los de su partido en detrimento de los demás. Es hora de que en África se entienda que el poder es un servicio que se debe prestar a las poblaciones.
El año 2025 ha estado marcado nuevamente por golpes de Estado o intentos de golpes de Estado en África. ¿Qué lectura hace usted de estos actos de fuerza?
Estos golpes de Estado demuestran que África está lejos de la democracia. Quienes se sienten tentados a darlos son, generalmente, aquellos que se sienten frustrados y marginados. Para ellos, el pastel está mal repartido: se queda entre una minoría de élites mientras la mayoría es dejada de lado.
Así, quienes no tienen acceso al "pastel" se ven tentados a organizarse para llegar a la mesa. Mientras el sistema y la redistribución de la riqueza en el continente africano se den en la ilegalidad, sin crear condiciones de vida dignas para nuestras poblaciones, siempre habrá golpes de Estado. Para evitarlo, debemos volver a un sistema de redistribución equitativa de las riquezas de nuestro continente. Debemos promover un ejercicio del poder que vele por los derechos de todos de manera equitativa y justa. Debemos comprender que un golpe de Estado significa, sencillamente, que en muchos países de África el ejercicio del poder no funciona; está lejos de los principios de la democracia.
Cada vez más asistimos a secuestros de cristianos seguidos, en ocasiones, de su asesinato en diversos puntos de África: Nigeria, la República Democrática del Congo y Camerún lo sufren. ¿Cómo interpreta usted esta violencia?
Es, en primer lugar, una inquietud ante el auge del yihadismo islamista en el continente africano. Es cierto que la mayoría de las víctimas no son solo cristianos; hay musulmanes que también lo son. Sin embargo, existe una tendencia actual que toma a los cristianos como objetivo. Es, lamentablemente, lo que vivimos en la diócesis de Bunia, en la República Democrática del Congo, donde los yihadistas mataron a cristianos en plena oración. Es lo que sucede regularmente en Nigeria.
Ante esta violencia gratuita, considero que es necesario alertar a la conciencia del mundo entero para que este fenómeno sea combatido de raíz. Si no se hace nada, temo que esta gran inseguridad empuje a los cristianos a posiciones extremas donde podrían llegar a ver a los demás, a nuestros hermanos musulmanes, como enemigos.
Eminencia, para concluir, ¿cuál es su mensaje final?
A pesar de las dificultades, exhorto a todos los hijos e hijas de África a no desesperar. Creámos en nuestra capacidad de cambiar el rumbo de nuestro continente. Perseveremos en la esperanza. El futuro de África depende de nosotros. Feliz, santa y bendecida Navidad y un próspero Año Nuevo 2026 para todos.
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