Peregrinación a las Siete Iglesias, tras las huellas de los mártires cristianos
Jean-Benoît Harel - Ciudad del Vaticano
En la ciudad de las mil iglesias, la tradicional Peregrinación de las Siete Iglesias invita a sumergirse en la historia milenaria de la Iglesia católica en Roma. Es un recorrido de 25 kilómetros salpicado por las cuatro basílicas mayores y otras tres basílicas (Santa Cruz de Jerusalén, San Sebastián y San Lorenzo).
En los primeros siglos después de Cristo, muchos cristianos fueron martirizados en Roma, la ciudad que gobernaba todo el Mediterráneo. Tal fue el caso de Pedro, apóstol de Cristo y pescador de Galilea, y de Pablo, ciudadano romano convertido al cristianismo.
Una peregrinación ligada a los jubileos
Después de que el cristianismo se convirtiera en religión oficial bajo el emperador Constantino, con el Edicto de Milán de 313, el culto a los mártires salió de las catacumbas y se hizo público. Se construyeron basílicas en los lugares de los mártires, como la primera basílica de San Pedro, en el emplazamiento del circo de Calígula.
"Fue el Papa San Gregorio Magno, en el siglo VI, quien organizó por primera vez una ruta para invitar a los peregrinos a venir a rendir homenaje a las reliquias de los mártires, Pedro, Pablo, luego Sebastián, Esteban, Lorenzo...", explica Marc Reverdin, autor de una reciente guía sobre la peregrinación a las Siete Iglesias.
Luego, a partir de 1300, el Papa Bonifacio VIII instituyó el primer Jubileo, invitando a los fieles a peregrinar a Roma, ya que la ciudad de Jerusalén había quedado bajo dominio mameluco. "Visitar las reliquias de los grandes santos fundadores de la Iglesia se convirtió en una obligación para los peregrinos".
Una oferta espiritual antes de la Cuaresma
Finalmente, San Felipe Neri formalizó en el siglo XVI lo que se convertiría en la "peregrinación de las siete iglesias" (ndr, en español más conocida como "la visita a las siete iglesias"). "El Renacimiento italiano fue una época en la que se quería acercarse a las masas, poco alfabetizadas pero también poco cristianizadas", señala Marc Reverdin, francés afincado en Roma desde hace unos diez años. Responsable de la parroquia Chiesa Nuova, en el centro de Roma, San Felipe quiere ofrecer una alternativa alegre y espiritual al libertinaje moral que recorría las calles de Roma durante el Carnaval, antes de la Cuaresma.
Este "gran paseo, un poco pastoral, marcado por etapas espirituales" comienza en la Basílica de San Pedro, lugar de sepultura de Pedro, a quien Jesús confió su Iglesia. Continúa a lo largo del Tíber hacia San Pablo Extramuros, y luego prosigue subiendo hasta la basílica de San Sebastián, donde el soldado romano fue atravesado por las flechas. Bajo la iglesia se encuentran las catacumbas utilizadas por los cristianos para sus entierros durante las persecuciones de los primeros siglos.
El itinerario continúa hacia San Juan de Letrán, catedral del Sumo Pontífice, y justo al lado la basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, con las reliquias de la Pasión traídas de Jerusalén por Santa Elena, madre de Constantino. Los peregrinos terminan su viaje en la basílica de San Lorenzo Extramuros, que alberga las reliquias del primer mártir, San Esteban, y finalmente de Santa María la Mayor.
Una adaptación del recorrido
"Hay muchas otras iglesias notables en la ruta", explica el autor de la guía, como la abadía de las Tre Fontane, lugar del martirio de Pablo, y la iglesia de San Bartolomé, en la Isla Tiberina. Sin embargo, esto añade muchos kilómetros, mientras que el viaje completo dura unas 8 horas, a veces más dependiendo de la duración de las paradas en las distintas basílicas. Marc Reverdin recomienda empezar con la misa en San Pedro a las 7 de la mañana.
También recomienda hacer algunos cambios en el itinerario, ya que las calles de Roma han cambiado desde el siglo XVI y algunas se han vuelto muy concurridas, muy lejos del "paseo campestre" imaginado por San Felipe. Además, para quienes no deseen recorrer 25 kilómetros a pie, es posible realizar varias etapas en transporte público.
Por último, la nueva guía editada por los Píos Establecimientos de Francia indica, para cada tramo, diversas oraciones inspiradas en las estaciones de la Pasión de Cristo o en los misterios del rosario. Una sugerencia espiritual que podría interesar a los millones de peregrinos que se esperan en Roma para el Jubileo de 2025.
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